jueves, 22 de octubre de 2009

¿Elitismo visceral y férreo? No pecuniario

Vale, ya voy entendiendo. Esto de los blomentarios resulta totalmente absurdo (neo-existencial...) sobre todo si entramos en la siguiente tesitura: no se entiende (eso me han dicho algunos según lo que han leído y discernido por algún comentario adjunto – éste es pequeñito, cierro) La verdad es que sinceramente, ni si quiera podría decir que me importa un bledo si se entiende y lo repetiría mil veces si fuese necesario: lo que más me molesta son los que creen entender y se las dan de listos (recordemos aquel primer blomentario en el que yo adelantaba lo que serían los pseudointelectuales y pseudointelectuales de mierda, la categoría la dejo para otro día). La verdad es que da igual si se me entiende o no, entre otras cosas, porque esto es una chorrada sin más utilidad que la de mi propio regocijo mental (en otros foros conocido como “paja mental”) y por lo tanto, a quién demonios le tiene que importar si se entiende o no. Vamos, dicho de otro modo, SI USTED SE CONSIDERA “INTELECTUAL” PERO NO ENTIENDE, NO SE APURE, HOMBRE, O MUJER, QUE NO ESTÁ USTED LEYENDO UN TRATADO DE FILOSOFÍA... qué pereza pensar que alguno se coma la cabeza tratando de ser más listo, más agudo, más inteligente... Sean quienes son, sin más complejos.
Estoy harta de escuchar opiniones “válidas” sobre todas las cosas... ¿Por qué nadie le discute a un médico un diagnóstico –a no ser otro médico-, pero todo el mundo puede dar una opinión fehaciente y lícita sobre Arte, Literatura, Política, Psicología, Sociología y un largo etc? A ver, que opinión tenemos todos, ESPERO, pero opinión válida, pocos, muyyyy pocos. Yo personalmente me excluyo.
Así que por favor, comenten, pero comenten sin tapujos, sin tonterías psicopseudointelctualoides de salón... Hagan cualquier barbaridad, pero no me aburran...

martes, 20 de octubre de 2009

Un bosón familiar en le piso de al lado

Higgs y su bosón. Dios y su partícula: coyunturas adversas que cometen el prodigio o la atrocidad de envolver la psique en la cordura o locura de forma vanamente aleatoria, caprichosa. Alguien se cae en una cazuela y ya no se puede entrar por detrás, repetido hasta el infinito sin que ninguna suerte de raciocinio pueda perturbar semejante sentencia. Yo me rindo.
El blomentario de hoy (mi querido paréntesis... he decidido dar el nombre de “blomentario” a estos pequeños vestigios de mi acervo filológico o verborrea con el que alivio mi mente y espíritu, posiblemente torturando a quienes me lean. Al principio pensé en llamarlos blogmentarios, pero el español se atraganta con las implosivas habituales, más en mi querida Tierra, así que con esta implosiva gutural ni lo intento) está más que merecidamente dedicado a una mujer que ha tomado sin quererlo la partícula de dios para desmenuzarla día a día sin criterio. Para ella el universo se reduce a una cazuela que es más pequeña cada semana e inversamente proporcional al abismo que se abre dentro de ella. Es víctima y verdugo. Ella repite y hasta canta una y otra vez la misma frase como quien entona el canto primero o último de la Odisea, su héroe también se ha caído, quizá también desee ir a casa, pero está claro que no hay camino atrás.
Y mientras, fuera de la perturbada criatura a quien acecha la Señora, la locura se expanda y corroe lo que toca: las paredes, los muebles, las luces, el sol... hasta los pocos seres vivios que la rodean se rinden ante su paso. La partícula divina se transforma en diabólico instrumento de tortura disfrazado de amor y lazos que empala a quien con ella convive día tras día: sabe de su aislamientos, de su soledad, de su querer y no poder, de sus errores inefables, se le niegan futuro y presente sin que el pasado haya ofrecido aún anda por lo que mantener la lucha. Pero sigue ahí. La mira, la mantiene unida al mundo real por un filo hilo que no deshace ningún invento de ciencia, un hilo con el que se nace y se muere, un hilo que nunca se corta mientras hay vida y más allá.
Todos perdemos tarde o temprano. Todos somos locos o conversos, todos. Los de este lado miramos con angustia el dolor ajeno y nos embutimos en los acogedores brazos de la desidia. Algunos no paramos de pensar en qué hacer, qué decir, qué más.
Cuando estar no es todo, la partícula, el bosón, son sólo anécdotas ínfimas de míseras vidas.
Te quiero, guapa, y sigo aquí, contemplando y vigilando tu mirada.

viernes, 16 de octubre de 2009

Un paréntesis... o dos

(A estos encantadores, curvilíneos y sinuosos amigos de la escritura, de la nota, de la aclaración, dedico este párrafo. Ya Juan José Millás en su día supo abiertamente admitir que a veces nos perdemos en su interior: coqueteamos demasiado con ellos o los olvidamos, somos más francos y sinceros o irónicos y sutiles en su abrazo; fingimos no saber o saber demasiado, los necesitamos y los odiamos, los agradecemos y los sorteamos. Yo imagino su interior como un pequeño microcosmos... una galaxia que extiende sus sistemas solares y planetas en el interior desplegado de un universo mayor que lo recoge y da sentido a la vez que entiende que sin aquél no estaría completo. Así lo habitan los mismos seres que lo rodean: letras, signos de puntuación, y el más allá, el cielo – la semántica, la sintaxis, la fonética... El mundo de las ideas que se auto-explican y rev/belan, los continuos que se abrazan y se odian, y todo cabe en el corpúsculo que abarca un instante sumergido en lo prescindible e “intrascendente”
¿Se puede hacer un punto y aparte dentro de un paréntesis? No lo he visto nunca: no tengo referente, y si lo tengo, ha sido una visión tan atroz que la he olvidado.
Esta galaxia se me antoja sima cuyo final parece siempre estar a punto de verse. Aún me maravilla que la distancia entre uno y otro lado sea algo tan tangible que se pueda ver de un simple vistazo rápido, lo cual resulta de gran utilidad si queremos pasarlo, obviarlo y descartar lo superfluo.
Debemos además pensar que no sólo las letras y los pensamientos se pueden poner entre paréntesis: no, no, la grandiosidad de su forma permite además poner en paréntesis a personas, sentimientos, animales, proyectos, trabajos, ambiciones, sueños, ideas, planes... incluso a naciones, a historias, a culturas... Todo cabe. Todo es elemento meritorio de los invisibles lazos de su abrazo.
Ya lo veo claro, no es una galaxia ni una sima. Es un agujero negro que todo lo absorbe y asimila, embelesa la mirada y la alborota. Este agujero negro que no sabemos a dónde nos lleva se acaba y nos deja salir a la realidad hasta la próxima parada.
De otro lado, el infierno. Ese mal genérico que nos hace olvidar a su paso y tener que volver al pasado, lo leído, lo vivido, para retomar el sentido lógico de lo que se intenta aprehender. Repetir, ¿cuántas veces nos ha pasado?
Sin embargo hay una realidad más espantosa y apocalíptica: ¿y si es el mismo Creador quien olvida por dónde iba...?)

jueves, 15 de octubre de 2009

Intermedio

Entro en la sala y todo está repleto de gente que se examina mutuamente. No estoy en casa, ni en una fiesta, ni aún en el trabajo. Estoy en ese foro de la democracia fallida que llamamos “Congreso”. Y todos se miran entre sí y murmuran y graznan palabras que a nadie importan, porque la semántica y la sintaxis han perdido peso frente al volumen y el chascarrillo fácil. Es mejor descalificar al adversario que tener algo inteligente que decir.
En una sala cercana, un juez condena a un pobre ladrón al que nadie escucha. No tiene el volumen activado.
Aquí, miles de personas exculpan y apoyan a quienes roban y mercadean con nuestras paupérrimas y míseras ilusiones de presente (es que ya no queda tiempo para el futuro, eso es para estos y los que llenan sus bolsillos a golpe de legislación indigente, los ricos, vamos).
No importa si yo robo o mato, señor juez, no, usted no es imparcial, no entiende la ley, la LEY. Lo que interesa y se juzga, señor juez, es que éste que está aquí conmigo, a mi lado, también lo hace. Eso me exculpa, señor juez, comprenda que cualquier otra interpretación de la ley es incongruente e inconsecuente. Es lógica pura.
Hoy no importa. No existe. Ha pasado de moda. Más corrupción cabe, más honestidad es imposible; pero el hueco debe ser rellenado como pavo de Navidad, no importa si es huevo o leche lo que metamos dentro siempre y cuando las gallinas y las vacas sean maltratadas para poder hacerlo: los animales maltratados y explotados saben mejor, saben a victoria y a sumisión, a dinero fresco.
Quiero volver a la granja. A la era de la incomunicación franca y sincera. A mancharme las manos (mal que me disguste) con lo que como y hago. A mirar las estrellas del cielo y saber que no soy una más. Quiero ser cobarde para ser libre, pero me faltan valor y sabiduría para hacerlo.

El principio: Tasmetu, diosa mesopotámica Creadora de la Escritura.

El principio: Tasmetu, diosa mesopotámica Creadora de la Escritura.
Pretencioso.


Síntomas adversos que se superponen uno a uno. La última voz que se escucha en el silencio. Paradojas. Versos. Complejos humanos que se esconden detrás de las piedras filosófales de los ínclitos abstemios de la alegría. Y una vuelta más al astro que nos da la vida y nos la exprime.
Si desdibujo mi imagen pero no la borro, sigo siendo quien soy, sigue mi esencia, mi YO, Superego y Alterego, conviviendo entre neuronas. Si perfilo mis emociones y doy contraste a mis pensamientos, la lógica me demanda una implicación más austera de mi persona como individuo que coexiste con su tiempo. Y entre tanto, las horas que me llegan pasan. Una a una. Dos a dos. Una a dos. Tres.
Se forma escarcha en el karma y se reblandecen las células grises mirando la pantalla: comunicación y des-comunicación, aislamiento y agorafobia, recursos inválidos en el filtro de la soledad que nos suprime del mapa. Google Earth. Google Maps. Vodafone&Go. Noki Maps. Tom Tom. La senda del bien que lleva a Coyote por la colina del mal y atrapa y corrompe y mutila y fustiga y arrasa y perpetra y desgaja y acecha y... ¿Y?
No. No me quejo. Sólo divago porque es lo que tengo. En la cárcel decía un preso: no podréis encerrar mi mente. La cárcel, cada vez más grande y pequeña, más obvia y hermética, cada vez más lúgubre y hermosa. Mi cárcel. Esta cárcel de todos y de nadie. Yo no soy libre. Lo proclamo y lo ahuyento: sobrellevo con paciencia lo que los dioses me otorgan.

Studium discendi.

Tengo derecho a escribir así porque me sale. Si algunos escriben y describen realidades sonoras y evidentes de forma “pasiva-refleja”, por qué no voy yo a escribir/describir mis realidades a mi modo. Y si mi modo es éste, es mío, y no lo cambio, por qué voy a cuestionarlo. ¿Que no se entiende? Seguro que alguno lo pilla.

A fin de cuentas, ¿quién soy yo para cuestionarme?